Yunior se encuentra en el interior de la limusina, en el suelo para ser exactos. Por lo menos han sido considerados y le han tapado con una manta. Todavía está un poco aturdido, y a trancas y barrancas, consigue salir del lujoso automóvil. Ante sus ojos, un insultante mastodonte de piedra se erige apuntando el cielo cual Farallones del Citará. Se trata de una mansión de ladrillos rojos, presidida por un estanque central con las dimensiones de tres campos de fútbol.
De modo que llega de noche a la entrada principal. La puerta está abierta, como en las películas en las que una familia entera ha sido asesinada por una banda de kosovares. Pero cuando digo abierta es abierta, joder. No como en Estados Unidos, que está abierta pero cerrada. En el hall encontramos plantado como un pasmarote al mayordomo, que llega hasta tal punto de pleitesía que la situación resulta incómoda. Y es que ni pestañea, todo lo hace para no ofender. Sostiene una bandeja de plata con detalles ribeteados en la que ofrece a los invitados unos bombones de chocolate blanco, en honor a los mimos. Su profesión frustrada.
Pero Yunior pasa de largo y se dirige hacia la estancia más iluminada, presumiblemente por una chimenea, a tenor del efecto ecualizador de las sombras proyectadas en unos tapices. Allí, sentado en una mecedora junto a las llamas le espera Martin. A contraluz le nota bastante desmejorado, pero sólo habrán pasado unas horas desde la última vez que le vio. Ahora va empezando a recordar por qué se desmayó… no era un sueño, no. Ese señor que se automece en el ocaso de su vida, aquel que a continuación revuelve las brasas con el atizador de una manera torpe y errática… decía ser su padre. El cri-cri continuo de una mecedora más usada que el coño de la Bernarda. Gotas de sudor perlando la frente del viejo caen en una taza humeante con alguna infusión asquerosa. El movimiento hipnótico de la cucharilla.
Yunior carraspea para delatar su presencia. Sin éxito. Tose. Nada. ¡Landau, coño! – grita ya impaciente. Martin, de ipso facto, se levanta como un titán y le replica “¡En tu puta vida vuelvas a hablarle así a tu padre! ¡¿Entendido?!” Entonces le da la espalda y vuelva sentarse, agotado. Como si hubiera malgastado inútilmente sus últimas energías en un movimiento gratuito, peliculero y ridículo.
“Perdona, me he pasado un poco. También ruego que me perdones por dejarte allí como a un perro y no haberte subido a una de las habitaciones. Pero es que me gustaba esa situación, ¿sabes? Tú entrando ahí, abriéndote paso a lo desconocido. Ese halo de misterio… el mayordomo inquietante ahí… No es así, eh. ¿A que lo hace bien? ¡Si el tío es un cachondo, hace unas imitaciones de Montilla que te tronchas! Luego te lo presento y le das algunas collejas, ya verás qué risas. Hubiese querido también algo de lluvia y relámpagos, pero ya es demasiado tarde para que Opositor rectifique. Bueno, a lo que iba. Tienes un hermano. ¡Y no me seas como tu madre con los desmayos, eh! Por cierto, ¿sabías a qué se debía esa patología suya? Yo creo que es por la magnitud de mi almirante Winky. Los desmayos empezaron justo el día después de la primera vez que se lo introduje. La dejé tonta, claro”.
Las lágrimas de Yunior cayendo en la alfombra. Y el maldito cri-cri seguía martilleando su cabeza.
lunes, 1 de diciembre de 2008
LA DEJÉ TONTA (14)
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LA TRAMA SE COMPLICA (13)
8 años antes: Yunior y sus colegas de barrio han organizado el concurso “Cómo evitar piquetes de ojos”. Tras una serie de desafortunadas desdichas, Yunior llega a la gran final. Propulsa hábilmente su mano para proteger sus ojos y se proclama vencedor del primer (y último) concurso “Cómo evitar piquetes de ojos”. Fin del flashback.
Yunior se despierta en el maletero de un coche y empieza a reír. No por nada, es que se acaba de acordar del chiste de Jesús en la Iglesia: Era una iglesia tan oscura, tan oscura, tan oscura, que en lugar de estar Jesús colgado en la pared, estaba escondido en una esquina acojonado. Las risas de Yunior Yons provocan algo. Seguramente provocan asco y pena, pero además de eso, provocan que el coche se detenga. Se oyen unas voces y un cerrado de puertas. Unos pasos se acercan. La oscuridad de diluye cuando se abre el maletero. Dos chicas orientales le miran con cara de pocos amigos. De hecho solo tienen un amigo, y en realidad lo comparten. Hablan entre ellas en un extraño idioma que Yunior reconoce. No es que Yunior sepa idiomas pero haber visto todos los capítulos de Doraemon en japonés con subtítulos en japonés por fin ha dado sus frutos…
8 años antes: El pequeño Yunior está obsesionado con Doraemon y cada tarde se pasa horas frente a la tele. La madre no se preocupa en exceso e incluso un día le regala a Yunior un enorme Doraemon de peluche. Grave error. Dos semanas después, la madre abre la puerta de la habitación y encuentra a su hijo sodomizando al peluche de Doraemon. La madre se desmaya, pero no penséis mal. Se acostumbra a desmayar una vez al día, así que aunque no hubiera presenciado ese espectáculo se hubiera desmayado igualmente. Yunior es llevado al psicólogo y éste llega a una conclusión. De momento no podemos sacar a la luz esa conclusión, pero que conste que le da sentido al origen de Yunior Yons. Una vez rehabilitado, Yunior se excusa y afirma que tan solo pretendía aprender japonés intimando con Doraemon. En ese caso no hay problema-afirman los padres. Y en efecto, de algo le valió a Yunior Yona ese pequeño aprendizaje. Fin de flashback.
Las dos japonesas sacan a Yunior del maletero y lo arrastran hasta una limusina aparcada en la carretera. La puerta trasera se abre y Martin Landau sonríe con su famosa sonrisa.
-Amigo,Yunior, espero que mis queridas amarillas no le hayan disgustado demasiado, se las presentaré, se llaman Sabo y Solla, son mis hijas adoptivas…
-¿Hijas adoptivas?, pero si tienen 20 años, ¿desde cuando tiene usted hijas adoptivas?
-No sólo tengo dos hijas, amigo…además tengo dos hijos biológicos, uno eres tú, pequeño Yunior…te lo he querido decir desde hace…
Yunior Yons se desmayó y cayó al suelo. Sus hermanastras lo recogieron y lo volvieron a meter en el maletero. Había sitio de sobra en la limusina pero al viejo Landau siempre le ha gustado viajar tumbado. Mientras la limosina avanzaba por las oscuras carreteras, Martin Landau tragó saliva.
-Joder… ¿y como le digo yo ahora lo de su hermano Yasper Yons?
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domingo, 23 de noviembre de 2008
DR. STRANGELOVE Y EL EMOTICONO (11)
"Quítame ese dedo de ahí, sabandija asquerosa". Y Yunior se lo arrancó de cuajo de un mordisco, recordando así viejas fobias que tenía por superadas. Cuando era muy pequeñito recibió una llamada telefónica misteriosa. El interlocutor jadeaba y decía cosas raras, como que tenía que hacerle un favor y recoger por él algo muy valioso en una taquilla de la estación de trenes. Yunior, muy intrigado, decidió en el último momento ir para allá, cogió la caja de cartón que había en el interior y se la llevó a casa, justo como le habían dicho. Una vez allí volvió a sonar el teléfono. Al otro lado de la línea se escuchaba de fondo como una taladradora muy puta. En ese momento era difícil entender a la persona que le hablaba, su voz se fundía con la de los obreros y parecía una macabra adivinanza. Un juego psicológico.
Pero aquellas palabras sí que fueron nítidas: ABRE LA CAJA. Yunior desató la frágil cuerda que la rodeaba y destapó la tapa superior. Dentro, un dedo índice sangrando y acomodado entre algodones. Junto a éste, una nota en la que se podía leer: “La curiosidad mató al gato. XDDD”.
XDDD en un post-it, como colofón. Comprendió que le habían gastado una broma. La persona que le había llamado anteriormente le confesó que ese dedo era suyo, se lo había cortado porque era un amante de las inocentadas. Su vida era un constante 28 de diciembre, un Leo Bassi castizo y chungo. Antes de desmayarse, le dijo a Yunior que por favor, le mandara por correo la caja con el dedo, que lo necesitaba de nuevo para marcar por teléfono y hacer más bromas. No se sentía a gusto con el dedo corazón, el ofensivo, porque creía que hacerle el fuck you al teléfono era redundante y poco educado.
Este episodio fue traumático para el pequeño Yons y tuvo que ir a terapia durante tres años para poder superarlo. ¿Qué era ahora esa mierda? ¿Por qué esa reacción? ¿Por qué caía tan bajo Yunior al correr de esa manera tan perruna y cobarde con un dedo entre los dientes? Fue entonces cuando un individuo enigmático apareció de las sombras a la vuelta de una esquina y le hizo una sucia zancadilla…
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sábado, 15 de noviembre de 2008
EL ALMANAQUE DEPORTIVO (7)
Y el viejo Yunior desapareció mientras se marcaba un twist realmente bueno.
El joven y pajillero Yons no entendía nada. ¿Que la gente le quería? ¿Desde cuando? Empezó a andar por el boulevard pensando en el emotivo encuentro, cuando de repente, de una kilométrica palmera cayó un álbum de fotos que impactó sobre su cabeza. Se quedó un poco grogui, estuvo unos minutos hablándose a sí mismo en una lengua muerta. Cuando se recuperó, abrió el álbum y en su interior sólo había fotos subidas de tono. Pero montajes. Montajes muy poco currados, es decir, una foto recortada con cortes rectos y pegada encima de otra. La cara de Martin Landau en cuerpos de mujeres exuberantes. Todo el álbum con un Martin ultrajado, humillado. Tragando semen.
Descubrió que el cartón que recubría la tapa trasera estaba un poco despegado. Dentro había algo, algo que alguien se molestó en ocultar: una foto de la feliz familia Yons. Recordaba esa foto. Eran buenos tiempos. ¡Pero joder, al padre le habían cortado el pelo! ¡Tenía que hacer algo para evitar que su mano desapareciera mientras rockanroleaba en una fiesta del encantamiento bajo el mar! ¿Pero qué?
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jueves, 13 de noviembre de 2008
LOS CRONOYUNIORS (6)
Espió a Yunior 1 en el pub de Vallecas pero se entretuvo con un sudoku y se durmió en un sofá. Construyó una bomba casera pero explotó un segundo antes de que Yunior 2 llegara con el taxi. Hizo sonar la alarma del hospital con la esperanza de que Yunior 3 saliera al pasillo y así darle con la moto-sierra, pero nada. Se travistió con la ropa de la Mari conociendo su afición de visitarla los miércoles por la tarde. Pero esa tarde Yunior 4 no visitó a la Mari. Y finalmente, encajó 57 chinchetas en la zapatilla del abuelo con la intención de provocarle un derrame cerebral a Yunior 5. Pero no hubo éxito ni fortuna ni gloria y otro fogonazo le hizo viajar en el tiempo. Esta vez algo más de un rato. Cuando encontró a un Yunior de 80 años se preguntó que había sido de su vida. Y el anciano Yunior lo empezó a relatar…
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sábado, 8 de noviembre de 2008
EL INCIDENTE DE LA TRAQUEOSTOMÍA (3)
Yunior entró en la habitación 103 en el plan ‘aquí están mis cojones’ y nadie pudo detenerle. Encamado y aparentemente muy jodido, Martin Landau veía pasar toda la vida ante sus ojos , posando éstos sobre la única ventana del habitáculo. Al cabo de unos segundos, se percató de la presencia de su joven amigo y sonrió. Tuvieron que hablar mediante la aplicación Loquendo debido a los problemas traqueales del viejo. Yunior ponía la mano izquierda sobre su boca para aguantarse la risa, ya que el descojone por dentro era tal que creyó morir. Y es que Martin había configurado ese software de una manera peculiar: quien hablaba por él era una voz robotizada y femenina con acento argentino.
Era una situación muy grotesca. Pero no lo fue tanto cuando empezó a sonar la alarma de incendios…
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viernes, 7 de noviembre de 2008
EL OBJETIVO DE YUNIOR (2)
Un programa de cine entrevistaba a un director gordo y barbudo. Durante la próxima semana rodarían en la ciudad. No pudo visualizar su nombre pero a Yunior le pareció que ese hombre era el mismísimo Peter Jackson. El taxi se detuvo frente al plató cuando estalló la bomba. El periódico del día siguiente lo explicaba mejor que yo: “Un explosivo mata a 35 personas en la última película de Álex de la Iglesia. El cineasta sufre graves heridas y permanece ingresado. 34 figurantes y la script resultaron muertos”. Cuando Yunior terminó de leer respiró tranquilo. El director de “Braindead” seguía vivo…
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sábado, 1 de noviembre de 2008
El PEQUEÑO YUNIOR (1)
Yúnior, de aspecto más bien desaliñado, se ponía a malas cuando llevaba algunos días sin hacerse alguna paja. 15 años. Pero, los pelos en los huevos de un cuarentón. Criado en los rudos viñedos riojanos, pero con cerrado acento argentino, jugaba en el primer equipo del Madrid. Así se había abierto paso. Su voluminosa melena era de culto y mofa. Las féminas pendían del hilo del amor ocasional que Yúnior les brindaba con sus besos abigotados. El muchacho, valiente en sus declaraciones, cobarde en sus disculpas, solía mandar peinetas con mucha facilidad a la prensa. La última: había faltado a un examen, por un partido de Champions, y al partido había faltado por un examen. Aquella noche y la siguiente la había pasado en dos conocidos pubs de Vallecas con ocho latinas, de las cuales la prensa se hizo eco. La chica que más le gustaba del mundo era la novia de Sergio Ramos. Decía que le gustaba más que los macarrones con tomate.
En casa las cosas estaban tranquilas. Sus padres, que estaban muertos, le habían dejado en fortuna una franquicia de sex-shops incipiente. Su peli preferida siempre fue “Braindead” y serie “ Colombo”. Además, era un asiduo espectador de plató del “Diario de Patricia”.
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CAPÍTULO 0
Un blog de blogs. De varios para todos. Un blog con amor. De relatos.
El pequeño Yunior Yons y sus tribulaciones.
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